You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
La vergüenza es uno de los modos de relación más arcaicos entre seres humanos, y podemos incluirla entre los sentimientos más enigmáticos, por lo complejo de los componentes que la integran. Implica una extrema desigualdad entre el avergonzado y la persona en cuya presencia, real o fantaseada, se siente la vergüenza. El sujeto se cree débil y en falta, percibe que hay algo interno que no es adecuado, o que, en sus actuaciones, no ha estado a la altura de las circunstancias. Recordemos que, según el Génesis, el primer sentimiento de los hombres en relación al Todopoderoso, tras haber comido del árbol de la ciencia y conocer su realidad, fue de vergüenza. Frente a la vergüenza se está indefenso, a la vez que la vergüenza genera indefensión.
Aunque Darwin (1872) en su clásico libro incluía la vergüenza entre las emociones provocadas por la «Atención centrada en uno mismo», no se siente vergüenza si no es en relación a un objeto significativo. La vergüenza es una forma de vínculo; no en vano vergüenza procede del vocablo romano «verecundia», derivado de «vereni»: temer, respetar; palabras que implican una relación dual. La vergüenza constituye un vinculo asimétrico entre el ser superior y el inferior avergonzado.
En la Comunicación preliminar (Breuer y Freud, 1893), la vergüenza aparece ligada a la génesis de los traumas psíquicos. Freud, en el Manuscrito K (Freud, 1896) considera la vergüenza una fuerza represora y relaciona su origen con la vida sexual; también la asocia a los primeros recuerdos infantiles en Sobre los recuerdos encubridores (Freud, 1899). En La interpretación de los sueños (Freud, 1900) y en Tres ensayos de teoría sexual (Freud, 1905) aparece la vergüenza como defensa frente a deseos exhibicionistas, idea que se repetirá, en esencia, a lo largo de toda la obra del creador del psicoanálisis.