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El discurso científico del psicoanálisis se relaciona de forma privilegiada con el descubrimiento del complejo de Edipo y sus efectos sobre la constitución del psiquismo humano, a partir de la prohibición del incesto y el parricidio. Esta formulación fue decisiva para la emergencia de un sujeto culpable de sus deseos.
Culpa y deuda, semánticamente unidas en la lengua alemana, forman un núcleo básico en el seno del inconsciente que relacionamos con la idea de una falta originaria que Freud explicó a través del mito filogenético del origen de los tiempos. Desde ahí, el sentimiento de culpa es la marca de la inclusión de un sujeto en la historia de la sociedad humana, como deuda que se contrae una vez asumida la ley paterna. Deuda primordial que fundamenta la simbolización, el ingreso al mundo del lenguaje y la cultura.
Indudablemente Freud pudo desentrañar el nudo de la culpabilidad indagando en el tema del parricidio. Recurrió, para transmitirlo, al asesinato del padre de la horda de Tótem y tabú, a la tragedia griega en la figura transgresora de Edipo, a la caída del profeta Moisés tras la rebelión de su pueblo. Pero lo hará también a través de Hamlet, desdichado príncipe culpable en el drama de Shakespeare o examinando la descarnada obra de Dostoievsky, creador de personajes violentos y criminales.
En este recorrido fue construyendo su teoría, sostenida fundamentalmente por la formulación conceptual de la pulsión de muerte, del masoquismo moral, del superyo. Incesante reflexión que mantuvo a través de la clínica de las neurosis, sobre todo de la neurosis obsesiva y de la melancolía.
La culpabilidad tiene numerosas formas de expresión, presente de forma encubierta en todo padecimiento sintomático, en las dudas e inhibiciones del neurótico obsesivo, en los autorreproches que torturan al melancólico,