You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
Freud, dos años antes de morir, al estudiar de nuevo un fenómeno relacionado con la «escisión», inició un ensayo con estas palabras: «Me encuentro por un instante en la interesante posición de no saber si aquello que quiero decir debe ser valorado como una cosa desde hace tiempo familiar y obvia, o como una cosa completamente nueva y sorprendente. Me inclino más por la segunda hipótesis».1 Es una frase que, bien mirado, me ha sorprendido. Freud desde sus comienzos mostró estar al corriente de las investigaciones de los franceses que en la Salpětrière estudiaban las personalidades escindidas. Conocía bien no solamente al admirado maestro Charcot, sino también a los hermanos Janet que sobre la escisión se ocupaban desde hacia tiempo. Pierre Janet había profundizado, junto al hermano Jules, el fenómeno de la conciencia doble (la double conscience), sometiendo entre otras cosas a una larga observación el clamoroso caso de Blanche, la más famosa de las pacientes histéricas que Charcot exhibía durante sus célebres lecciones. Fue, justamente, revisando críticamente las hipótesis y el método de Charcot que Janet menoscabó fuertemente su credibilidad.2
Lo que parece bastante evidente es que Freud, con el paso del tiempo, dará a la escisión significados diferentes y una relevancia desigual, llegando a olvidarse de ella por un largo período de tiempo. No sabría decir con exactitud si algunos hechos particulares están directamente conectados a esta suerte de ocultación temporal. Cierto es que la importancia que hoy se da a la recuperación de las partes separadas de la personalidad, contrasta con la historia del término «escisión» dentro del movimiento