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La idea de reflexionar sobre estos temas constituye un intento por mi parte de organizar un pensamiento relacionado con experiencias clínicas particularmente intensas y muy laboriosas. He vivido estas experiencias, a veces, con pacientes adultos, frecuentemente «borderline», pero en su forma más constante, intensa y duradera, este tipo de experiencias las he encontrado fundamentalmente en el tratamiento psicoanalítico con niños. En su forma más desvitalizante e insidiosa, se me ha presentado en el tratamiento del autismo infantil; justamente durante este tipo de tratamientos es donde la persona del analista resulta simultáneamente invadida y negada. Sin embargo, no es acerca del cuadro de autismo de lo que intento hablar en este trabajo.
Para descubrir y comprender este tipo de situaciones existen una serie de indicios que podríamos llamar «indicios contratransferenciales», que trataré de indagar y describir a continuación: el analista experimenta una sensación angustiante de carácter opresivo, generalmente acompañado por tensión en el ámbito muscular, asimismo siente comprometida su capacidad de pensar, e incluso se siente expropiado del tipo de funcionamiento mental que normalmente le permite tratar los acontecimientos que se presentan durante la sesión y conseguir darles un sentido; es decir, se encuentra a merced del campo concreto y dominante del cuerpo, con riesgo de actuar el estado de ansiedad que lo envuelve; pero, además, su propio cuerpo se encuentra alienado, es sentido como algo ajeno, como un otro, como algo indescifrable y, no sólo no resulta ser un punto de apoyo, de ayuda, sino que, además, constituye un estorbo. Por lo tanto me he preguntado acerca