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Quiero comenzar por agradecer a los presentes su asistencia un año más a este simposio, y dar la bienvenida a aquellos que se encuentran aquí por primera vez.
2005 es una fecha muy particular para los psicoanalistas. Hace cien años Freud publicaba los Tres ensayos, sobre la sexualidad. Strachey señala que esta obra y La interpretación de los sueños, son las más trascendentales y originales contribuciones de Freud al conocimiento humano.
Para celebrar el centenario de tal acontecimiento tengo el placer de inaugurar el 14.° Simposio que, como todos sabéis, lleva por título «Tres ensayos sobre la sexualidad, cien años después». Los Tres ensayos, aunque publicados por primera vez en 1905, constituyen como teoría de la sexualidad una referencia siempre presente en Freud, como lo prueban las nuevas aportaciones y correcciones que dicho manuscrito sufrió durante los siguientes quince años. Esto no quiere decir que su teoría estuviera finiquitada. Al contrario, sus nuevas aportaciones y cambios no hicieron más que enriquecerla. Sin embargo, antes de llegar a los Tres ensayos, Freud tuvo que recorrer un camino en sus reflexiones; avances y retrocesos que hoy nosotros podemos seguir a través de su correspondencia con Flies entre 1895 y 1898. En ella vemos el itinerario de su pensamiento a partir de su práctica clínica con los pacientes neuróticos, en la construcción de una teoría psicológica, en la que necesita apoyarse en la biología. Es así como aparecen sus reflexiones sobre la memoria, la pulsión, el complejo de Edipo, etc. Durante este tiempo Freud asignó a su amigo Flies los aspectos biológicos, mientras que él se ocupaba de los aspectos psicológicos. El fracaso de este proyecto hizo que él retomase la dimensión biológica en un intento de explicar la imposibilidad de sobrepasar ciertos límites.
Si en La interpretación de los sueños Freud descubre el sueño como realización de un deseo sexual infantil, en los Tres ensayos para una teoría sexual Freud se apoya en la pulsión,