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En su lectura atenta y minuciosa de Tres ensayos en sus sucesivas ediciones, J. Gutiérrez Terrazas constata las incertidumbres, los vaivenes, los desvíos, los callejones sin salida y las contradicciones que encuentra en ese texto y que él valora negativamente. Dejaré que Freud mismo le conteste, expresando su punto de vista al respecto. Al comienzo de Pulsiones y destinos de pulsión dice lo siguiente: «Muchas veces hemos oído sostener el reclamo de que una ciencia debe construirse sobre conceptos básicos claros y definidos con precisión. En realidad, ninguna, ni aun la más exacta, empieza con tales definiciones». Freud diferencia el psicoanálisis de las teorías especulativas y afirma que la rigidez de las definiciones se opone al progreso del conocimiento, por lo que es preferible tolerar las incertidumbres y contradicciones hasta que puedan ser esclarecidas en el curso de su desarrollo.
El autor de la ponencia enfatiza, creo que excesivamente, las incoherencias y contradicciones de la edificación teórico-clínica freudiana globalmente considerada, que podrían desacreditarla lógica y científicamente. Si bien el esfuerzo de conceptualización coherente merece todos mis respetos, entiendo que la coherencia es necesaria pero no suficiente, puesto que una teoría perfectamente coherente puede ser falsa.
Reconozco las limitaciones, carencias e impasses de ciertos postulados de Freud, que no pueden permanecer intactos a lo largo del tiempo. Pero en lugar de una supuesta incoherencia prefiero destacar la diversidad y amplitud de intereses del pensamiento de Freud, acorde con la complejidad del objeto del psicoanálisis. El cuerpo teórico freudiano es diverso y difícil de sintetizar. La genialidad de su pensamiento le ha permitido contener lo plural, lo heterogéneo e inclusive preconcepciones imprecisas. Gracias a esto Freud, siendo un hombre muy de su tiempo, conserva su vigencia.
El horizonte epistemológico de su época no le dio suficientes elementos para formalizar sus descubri