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Para retomar el diálogo con José Gutiérrez quiero decir que me ha gustado la exposición que ha hecho esta mañana. Mi desacuerdo con él tuvo que ver con algunas afirmaciones de las consideraciones finales de su ponencia.
Es cierto, como ha dicho, que Laplanche ha hecho un estudio muy profundo de la obra de Freud, cuyo primer producto fue el Vocabulario que redactó conjuntamente con Pontalis en la época que asistían al seminario de Lacan. Dicho estudio lo comenzó con instrumentos lacanianos, autor del que luego se distanciaría. En el tema que nos ocupa utiliza el concepto de significante, que tiene prioridad y es exterior al sujeto, para determinar el origen de la pulsión. Esto tiene la virtud de purificar a la pulsión sexual de toda referencia a la biología.
El problema que puede plantearse es que el significante, por ser algo abstracto, no es fácilmente articulable con la raigambre corporal de la pulsión. Otros autores lacanianos han intentado articular el significante con el cuerpo, como S. Leclaire, por ejemplo, con el concepto de letra. Es, por lo tanto, un tema bastante complejo. Lacan también trató de purificar la teoría psicoanalítica de ingredientes imaginarios, para lo cual utilizó los matemas y las construcciones topológicas. Queda la duda razonable de si es posible explicar el psicoanálisis a partir exclusivamente de lo simbólico.
Para terminar, me pregunto si Freud ha sido verdaderamente sacralizado, como afirma Gutiérrez Terrazas. Porque la historia del psicoanálisis nos muestra que vino Klein y cambió el concepto de inconsciente, cambió el concepto de transferencia y consecuentemente la práctica del psicoanálisis. Vino Lacan y cambió el concepto de inconsciente, el de transferencia y también la práctica. Y Winnicott decía que su inconsciente no era el de Freud. O sea, que todos ellos han pasado olímpicamente de nuestro ilustre predecesor.