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Tal como señala Strachey en su Introducción, Tres ensayos de teoría sexual (1905) es una de las contribuciones más originales y trascendentes de Freud al conocimiento del ser humano. El descubrimiento de la existencia en toda persona de una sexualidad infantil, de naturaleza autoerótica, está en la base de nuestra comprensión de la personalidad, de su patología así como del trabajo analítico.
Partiendo de las premisas médicas de su tiempo, Freud comenzó en la década de 1890 a investigar, con un enfoque fisiológico, la relación entre las neurosis y determinados factores sexuales. Tres Ensayos supone la apertura a una orientación psicológica donde la sexualidad infantil pone en cuestión el fin instintivo-adaptativo de la sexualidad humana considerado hasta la fecha.
Frente a la concepción médico-legal existente de la perversión como un estado degenerativo, Freud la define como una desviación respecto del fin y del objeto de la pulsión sexual, que ya no serían fijos ni vendrían predeterminados congénitamente. De esta manera, la distancia entre la sexualidad normal y la perversa se acorta, hasta aparecer esta última como un estado previo-indiferenciado de la anterior, estado que puede permanecer en mayor o menor medida en cualquier individuo. Y que será considerado patológico sólo en razón de su preponderancia o exclusividad.
A pesar de estos grandes avances y de otros futuros, en mi opinión y tal como intentaré mostrar en este trabajo, la biología permanecerá a lo largo de toda la obra del fundador del psicoanálisis, como un punto de retorno seguro frente a las dificultades de comprensión insuperables.
Las características fundamentales de la sexualidad infantil descritas por Freud comprenden: 1) el autoerotismo; 2) las pulsiones sexuales parciales; y