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Una vez concluido ese momento fecundo y agradable para nuestra Asociación que supone el intercambio de nuestros diferentes puntos de vista científicos sobre un tema tan fundamental como es la sexualidad infantil y en el Centenario de la publicación de los Tres ensayos, quisiera recoger, siguiendo la sugerencia de nuestra Revista, algunas reflexiones que continúen lo expuesto en la Ponencia y el diálogo con los asistentes al Simposio.
Un aspecto que me parece importante matizar es la discriminación en los pacientes homosexuales de sus aspectos neuróticos y perversos, que pueden coexistir, determinando un amplio espectro en cuanto a posibilidades de estructurar su personalidad.
Tal como lo describió Freud, el mecanismo defensivo característico de la patología perversa, la escisión del Yo, es fundamental para comprender el funcionamiento psíquico de estos pacientes. Gracias a esta defensa, el perverso mantiene por una parte el contacto con la realidad por medio de un aspecto sano de su Yo, capaz de reprimir y de mantener una relación diferenciada con un objeto totalizado. Por otra parte, el perverso desmiente maníacamente la realidad dolorosa (angustias de separación y de castración) y pone en marcha un proceso alienante (duelo patológico) que va desde el control omnipotente del objeto (cosificado-fetichizado) hasta la identificación maníaca con él (que puede conducirlo a la homosexualidad, al travestismo y al transexualismo).
Los pacientes homosexuales deben ser diferenciados entre los:
Homosexuales neuróticos: que se caracterizan por:
una problemática que gira en torno a los complejos edípicos positivo y negativo;
sus relaciones de objeto son totalizadas;
la angustia predominante es de castración;
el mecanismo defensivo fundamental es la represión;