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Desde una de las líneas de trabajo de grupo, consideramos que sería interesante el prestar atención al problema del deslinde conceptual entre el «polimorfismo perverso infantil» y la «perversión». Desde esta perspectiva, pensamos con J. Chasseguett-Smirgel en Ética y estética de la perversión que si los Tres ensayos, obra revolucionaria y genial, tuvieron un impacto decisivo sobre nuestra concepción de la sexualidad y del hombre en general fue, entre otras cosas, porque constituyen una extensión de la perversión a toda la sexualidad humana. Sin embargo, como también esta misma autora nos recuerda, esta obra también lleva la marca del contexto histórico dentro del cual se inscribe, que está marcado por el ruido que se venía haciendo desde muchos años antes en torno a la perversión. De ahí también que el problema de la perversión, lejos de limitarse al primer ensayo, abarque toda la obra. Pero va a ser justamente de esta misma «teoría de la perversión generalizada» de la que —siguiendo las palabras de J. Chasseguett-Smirgel— ha resultado una confusión que ha marcado la investigación psicoanalítica durante decenios en la medida en que las fronteras entre la perversión y la neurosis están disueltas. De hecho, como también ella misma nos indica, la universalidad de los fantasmas perversos (presentes en el perverso, en el neurótico y, en el normal) no tiene como resultado una comunidad de naturaleza entre perversión, neurosis y normalidad (J. Chasseguett-Smirgel, 1987).
En nuestro criterio, creemos que podríamos establecer algunos puntos de contacto entre estas afirmaciones de J. Chasseguett-Smirgel y las de S. Bleichmar cuando en relación a este mismo asunto afirma en La fundación de lo inconsciente: