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Tengo las manos de ayer, Me faltan las de mañana.
Enlazando con lo que ha expresado María de que el autoerotismo es la primera manifestación creativa del bebé, he intentado acercarme a lo que, quizás, se podrían considerar como manifestaciones de autoerotismos en la obra creadora.
Freud, en su artículo de 1908 «El poeta y los sueños diurnos» aborda el tema de la creatividad y del placer asociado a la creación. Nos habla de la fantasía, del juego y cómo la creatividad es un medio para lograr satisfacer deseos subyacentes. La creación artística puede representar la realización de deseos reprimidos, un intento de elaborar situaciones traumáticas o de duelo y también, a veces, de trasmitir un mensaje.
Sobre este liberar la imaginación, podríamos recordar lo que escribe J. Chasseguet-Smirgel. (1999), «Aunque el proceso de creación permanece fundamentalmente vinculado al pensamiento verbal (sueños diurnos), siempre está acompañado de la capacidad del creador de entrar en relación con las capas más profundas y primarias del inconsciente». Y Hanna Segal subraya que el verdadero creador debe ser capaz de redescubrir la matriz de las fantasías.
Estas capas más profundas y primarias del inconsciente, o esta matriz de las fantasías se constituyen con las primeras huellas mnémicas, inscripciones de las vivencias de satisfacción en relación con el objeto.
Y en estas capas más profundas y primarias del inconsciente, o en esta matriz de las fantasías, es donde podríamos situar el autoerotismo del creador ¿y también la conexión que se produce con el que goza viendo, leyendo o escuchando la obra de creación?, ¿también se pone en juego su autoerotismo?, ¿o a eso no podemos llamarlo autoerotismo?