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El psicoanálisis actual presenta una serie de desarrollos, considerados por ellos mismos como desarrollos freudianos con abundantes alusiones a la obra de Freud para legitimarse, pero que en la realidad presentan diferencias importantes tanto en la teoría como en determinadas consecuencias y peculiaridades técnicas. Hasta tal punto esta diversidad es importante que motivó que el Congreso de la A.P.I. de Montreal se dedicara al tema de «Un psicoanálisis o muchos».
Es precisamente la riqueza e intuiciones no desarrolladas de la obra de Freud la que ha permitido dichos desarrollos divergentes del psicoanálisis. Obra en la que no son raras las contradicciones más o menos aparentes, algunos de cuyos aspectos parciales son tomados, a menudo en una exégesis justificativa, como el comienzo de un nuevo desarrollo. El mismo Freud nos advierte de esta situación en el capítulo 3 de Inhibición, síntoma y angustia recordando que «La apariencia de contradicción se debe a que tomamos demasiado rígidamente unas abstracciones, y destacamos de lo que en sí es un estado de cosas complejo, ora un aspecto ora sólo el otro» (S. Freud, 1926, p. 93) Desde esta consideración de la extrema complejidad del aparato psíquico pretendo llamar la atención sobre la extraordinaria pertinencia de la teoría freudiana para dar cuenta de dicho psiquismo, frente a la tendencia casi ubicua en los desarrollos posteriores a limitar la complejidad de la teoría mediante el privilegio de aspectos parciales.
No quiero detenerme en las dificultades epistemológicas que presenta nuestra disciplina, lo que nos extendería excesivamente y a lo que ya he dedicado algún trabajo. Pero sí es necesario detenernos en la consideración de ciertas peculiaridades del creador del psicoanálisis y de su obra teorizadora.