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Me interesa destacar el pensamiento de D.W. Winnicott, y algunas de sus aportaciones, con el objeto de mostrar su labor como un ejemplo de creatividad y de coherencia interna. Sus teorías han marcado muchos de los desarrollos del psicoanálisis en el siglo XX. Produciendo su trabajo durante unos años particularmente fructíferos del psicoanálisis británico, Winnicott luchó con celo por elaborar sus propias ideas y convicciones dentro de un marco de creciente polarización ideológica y considerables presiones grupales hacia la conformidad y el sometimiento. Fiel a su concepción del psiquismo según la cual el sujeto humano, dada su dependencia original, se estructura en el encuentro con el otro, Winnicott desarrolla sus teorías a través de su encuentro con las obras de Freud y de Klein, que él descubre pero también «crea», puesto que le servirán para formular un pensamiento propio.
D.W. Winnicott (1896-1970), a quien Green (2005, p. 7) llamó «la mente más creativa en el psicoanálisis después de Freud», es figura representativa del periodo más rico del psicoanálisis británico, entre 1930 y finales de la década de los sesenta del siglo pasado, cuando se delinearon los principales desarrollos post-freudianos. Estas décadas siguieron a la llegada de Melanie Klein a Londres, anudándose en torno a las controversias de 1941-1944, cuando Klein y sus seguidores, Anna Freud y el grupo de psicoanalistas vieneses emigrados junto con la familia Freud a finales de los años treinta, y, por último, un pequeño grupo de no alineados, debatieron sobre temas que definirán el interés del psicoanálisis en la segunda mitad del siglo: los orígenes del yo, la fantasía inconsciente, la constitución del objeto. Estos temas pasaron a ser centrales debido al nuevo foco de interés estimulado por Klein: la aplicación del método psicoanalítico a pacientes psicóticos, trabajo al que Winnicott se sumó con