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En este caminar que inicio al encuentro con la obra de Bion, inevitablemente nos tropezaremos con la complejidad de sus desarrollos teóricos a lo que se añade la dificultad de entendimiento, por su particular estilo de exposición, de sus conceptos. El mismo Bion aconseja leer su obra de seguido, sin pararnos en aquello que no entendemos; ya nos iremos impregnando de la música que emana de su pensamiento. Y entre las nubes de oscuridad se irán haciendo claros. No obstante, intentaré hacer fácil lo difícil pero procurando que no pierda la fuerza de un pensamiento original, la esencia de sus originales concepciones. Pero es bueno sentir, de cuando en cuando, que nos vamos apoyando en un terreno más firme por lo conocido familiar, como el marco referencial de la teoría de las relaciones de objeto, previo a pasar a lo nuevo, desconocido, que puede producir vértigo, como adentrarse en la psicosis. Finalmente será mi versión, un vértice teórico, que espero no haya deformado excesivamente las ideas del autor originario y sirva para estimular la curiosidad y el interés de los que no tuvieron la oportunidad de conocerle o el deseo de profundizar de aquellos que ya se han encontrado con su obra. Con todo, se trata de una aproximación a algunos aspectos de la obra de Bion.
Heredero de Freud y de M. Klein, Bion era, como ellos, un investigador de la mente humana hasta las últimas consecuencias. Así, movido por un deseo de saber las motivaciones profundas del funcionamiento mental de sus pacientes, opera como un pensador que se interroga y cuestiona una y otra vez. Actitud mental que queda reflejada en el siguiente comentario: «En otro lugar me referí a una afirmación de Blanchot: “La réponse est le malheur de la question”, que podría traducirse como la respuesta es la desgracia o la enfermedad de la curiosidad. En otras palabras, nada aniquila la curiosidad tan completamente como la respuesta» (Bion, 1982). Francesca Bion nos señala