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Quien haya leído las páginas que anteceden habrá tenido amplia oportunidad de convencerse de la riqueza del concepto de objeto en psicoanálisis, así como de la increíble cantidad de confusiones que ahí se originan. Nada mejor, si uno trata de desenredar esta madeja, que referirse a la multiplicidad de sentidos de la palabra Objekt en el texto freudiano. Sin querer exagerar en la discriminación, lo cual nos llevaría, en el caso límite, a una fragmentación corpuscular del sentido, podemos diferenciar un cierto número de acepciones principales, cada una de las cuales contiene una problemática intrínseca y suficientemente distinta de las demás para que sea imprescindible considerarla como categoría aparte.
Desde luego, todas estas acepciones tienen elementos en común, y las problemáticas están interrelacionadas. Estas categorías, por ejemplo, se vinculan con el objeto de la percepción y del conocimiento, sin que por ello podamos afirmar que tienen su principal origen o fundamento en ellos. El objeto de la pulsión mantiene con el objeto de la percepción un vínculo sumamente laxo; percibimos de continuo una multitud de cosas sin valor pulsional y, por otra parte, ciertos objetos pulsionales de importancia primordial nunca pueden ser percibidos (v.gr., el falo ausente de la madre fálica). Dentro de los objetos pulsionales, los que se refieren a las pulsiones del yo presentan características esencialmente distintas a los objetos de la libido. El «apuntalamiento» (Anlehnung) de la libido sobre las pulsiones del yo tiende a confundir las dos categorías objetales correspondientes y a colmar el hiato que las separa, encaminando así el pensamiento analítico postfreudiano hacia dificultades insolubles. El pecho percibido —objeto natural— se confunde de este modo con el pecho alimenticio —objeto de las pulsiones del yo— y con el pecho objeto de la libido. La unidad aparente del objeto natural nos hace perder de vista la pluralidad radical de las categorías objetales.