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El ruido que en la teoría y la comunidad psicoanalítica produjo la introducción por Freud del concepto de pulsión de muerte, viene paradójicamente a oscurecer otro aspecto fundamental del nuevo desarrollo teórico, sin el cual el concepto de pulsión de muerte no puede acabar de ser comprendido. Me refiero al cambio que en la revolución de los años 20 experimenta el concepto de libido. La libido viene a ser importantemente reconceptualizada, pasando de ser la expresión pulsional de un movimiento de búsqueda de un objeto que permita la descarga de la excitación y con ella la consecución de un placer, a ser ahora la expresión más genuina de la fuerza y la actividad de Eros, que tiende a la organización de unidades cada vez más grandes. Fascinado ante su nueva intuición, que ya no le deja pensar de otra manera (, 21, p. 115), Freud deja un tanto de lado la importancia de esta nueva concepción de la libido, aunque hace referencia a ella repetidas veces; creo que el concepto exige una mayor atención teórica de la que se le viene prestando.
La revolución teórica freudiana de los años 20 viene a ocurrir (aunque haya ya antecedentes en el Proyecto), precisamente cuando en el pensamiento de Freud el objeto, que cada vez es más el otro (lo que A. Green llamará el otro semejante) se constituye como aspecto fundamental y constituyente del propio sujeto, «integrado siempre efectivamente “el otro”, como modelo, objeto, auxiliar o adversario y de este modo, la psicología individual es al mismo tiempo y desde un principio psicología social en un sentido amplio pero plenamente justificado» (Freud, 1921, p. 67). A mi entender es esta consideración de la importancia radical del objeto, después de la solipsista retracción