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En este trabajo desarrollaré una serie de interrogantes e intentos de respuesta que me han surgido en los últimos años. Respuestas que son metáforas, hipótesis provisionales que dan forma y significado a ciertas experiencias que sorprenden nuestra escucha analítica. Y cuando decidimos comunicarlas es para dialogar con otras maneras de escuchar los hechos clínicos que generaron dichas preguntas.
La primera hipótesis que planteo es que, en mi experiencia, cuando podemos observar intraclínicamente una identificación, mediante nuestro método y dispositivo psicoanalítico, es porque al manifestarse como síntoma —una forma de realización que compromete al Yo— determina que el analizando nos hable desde esta posición identificatoria.
La segunda cuestión es que estos procesos identificatorios impiden la capacidad subjetiva de pensarse en un vínculo con dos objetos, discriminados entre sí y del propio sujeto. Podríamos decir que son identificaciones que atacan el espacio mental necesario para que surja ese pensar.1 Y en ese sentido diríamos que son identificaciones anti-edípicas, no ante-edípicas.
La tercera cuestión parte de la definición freudiana de identificación a la que se considera «[…] una asimilación de un yo a un yo ajeno, a consecuencia de lo cual el primer yo se comporta […] como el otro […]» ; con