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La historia de mi vida no existe. Esto no existe. No hay nunca centro. Sin camino, sin línea. Hay vastos lugares donde se hace creer que había alguien, no es verdad, no había nadie.
A falta de trazado, la vida sólo se puede escribir sondeando las profundidades íntimas de las huellas dejadas, sólo desterrando algunos enterramientos dolorosos, solo llenando los vacíos con la ayuda del imaginario en carne viva…
Marguerite Donnadieu renuncia a su apellido y elige el seudónimo de Duras, nombre de un lugar de una región del suroeste francés (Lot y Garona) donde su padre tenía una propiedad, con el fin de no tener «ninguna referencia» (Duras, 1993, p. 38) para escribir. En 1984 declara públicamente en el programa televisivo dirigido por , Apostrophes, el carácter eminentemente autobiográfico de su entonces última novela El Amante. Este escrito donde autora y personaje se confunden se reviste, a partir de este momento, de un carácter que la crítica literaria califica de intertextual en la medida en que ofrece las claves que van a alumbrar tanto la obra pasada como futura. Por citar solo un ejemplo, El Amante reescribe y alumbra Un Dique contra el Pacífico, escrito treinta y cuatro años antes, y El Amante de la China del Norte, escrito ocho años después, e inversamente.
Reivindicación autobiográfica y sin embargo afirmaciones múltiples como ésta: «La historia de mi vida no existe» (Duras, 1984a). En boca o bajo la pluma de esta escritora a quien la reconstrucción histórica de los hechos no