You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
También el destino es tan solo en último término una ulterior proyección del padre.
La mentira es la mentira del Ideal […], yo mismo he sido un fanático moral que trataba de recobrar el honor de un dios muerto, y colocar en su trono vacío a mi Superhombre.
Acabo en este momento de tomar a Nietzsche, donde espero encontrar palabras para muchas cosas que permanecen mudas en mí.
Si las palabras de Freud dirigidas a Fliess aparecen como la promesa de una «colaboración», los años posteriores más bien irán certificando una inhibición de esa misma expectativa, de un verdadero enterramiento de la figura y del pensamiento nietzscheano por el padre del Psicoanálisis.
Y es ese estado de cosas lo que lleva a Werner Ross, en su monumental y excelente biografía Nietzsche, el águila angustiada, a preguntarse el porqué de la inexistencia de atención por parte de Psiquiatras y Psicoanalistas sobre la figura de Federico Nietzsche, habida cuenta de la riqueza y complejidad de la vida y la obra de éste y de cómo fue el final de su vida útil, desbordado por una psicosis, delirante primero, silenciosa después durante los ocho últimos años de su existencia.
Lo notable de todo esto es que en los años posteriores a su muerte, surgió en Europa una verdadera «nietzschemanía», en la que el pensamiento de