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A nuestro amigo y compañero, Tomás Aguilar Alfaro, que murió en Madrid el 14 de febrero
Era Psicoanalista en formación de nuestro Instituto de la Asociación Psicoanalítica de Madrid. Cuando formó parte de la representación de candidatos en IPSO, contó con el reconocimiento y estima, tanto por su labor profesional como en lo personal, a nivel internacional. Su interés científico por el «trauma psíquico», tema que continuaba elaborando sobre material clínico, y por cuyo trabajo a este respecto, «Tengo una cicatriz en la cabeza (Silencio, presentación y representación del trauma)» , publicado en la Revista de Psicoterapia y Psicosomática, obtuvo el premio del IEPPM al mejor artículo de autores noveles del mismo año, son muestra de su valía y reconocimiento en su trayectoria profesional.
Y, los que hemos tenido la enorme suerte de conocerle, muchos, queremos dar cuenta de nuestro dolor y tristeza, así como de lo que significa para nosotros su pérdida.
Para todos ha sido y sigue siendo ya que siempre permanecerá en nuestra memoria, una persona «bella por dentro y por fuera», afectuosa y cabal, con una gran humanidad y cuya vida siempre ha estado marcada por la Verdad, su verdad, para con sus pacientes, sus colegas, sus amigos, su familia… Siempre la buscó y supo defenderla con valentía y honestidad.
Aquellos que hemos estado cerca de Tomás, que hemos compartido con él tantas cosas, podemos hacer nuestras estas palabras que dan testimonio de su vida y de su muerte; porque, efectivamente, «nos ha dado una lección de dignidad, de respeto y cuidado de los suyos, de su trabajo y de sus pacientes, de contención y elaboración del dolor de su propia muerte».
Para todos los que le hemos querido y le recordamos, y a los que tanto nos ha dado, analista, supervisores, profesores, colegas, amigos, familia… siempre permanecerá en nuestra memoria porque, y son sus palabras, «Pues el amor no muere, quiero ser amor, pues el amor rescata del olvido que mata en su vacío, quiero ser memoria».