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Nuestra colega y amiga Margarita Sánchez Dura, «Marga», como cariñosamente la llamábamos quienes tuvimos la suerte de tratarla, falleció el 28 de marzo pasado, después de una penosa enfermedad, a la que se enfrentó con el coraje e integridad que fueron características suyas a lo largo de su vida. Murió a los 58 años, una edad que para un psicoanalista todavía puede considerarse temprana; aunque sus aportaciones son abundantes, y muy diversas, quizá hubiese tenido por delante muchos años de experiencia de los que esperar, dada su capacidad, una rica producción, ya que nuestra profesión es longeva: el cúmulo de experiencia, bien vivida, puede contribuir a que el psicoanalista, enriquecido por la sabiduría de la madurez, pueda, en esa etapa de la vida, dar sus mejores contribuciones. En ese sentido, podemos decir que Marga nos dejó prematuramente. Sin embargo, a lo largo de su vida profesional, su lúcida inteligencia, su gran capacidad de trabajo, y su compromiso con el psicoanálisis, le permitieron aportar importantes frutos; fue una propulsora del Centro Psicoanalítico de Valencia, de cuya Junta Directiva había sido elegida miembro poco antes de su enfermedad: allí impartió seminarios, y coordinó el grupo de Psicoanálisis de Niños y Adolescentes, tomando iniciativas para estimular el estudio y la pasión por el psicoanálisis entre miembros y candidatos.
Margarita se analizó con Pedro Guillem y realizó su formación en Madrid, siendo miembro asociado de la APM desde 2000. Pertenecía a la última generación de psicoanalistas valencianos formados en Madrid, a donde continuó viajando para supervisiones, seminarios y otros eventos aún después de haber completado la formación. Junto con colegas como María Ángeles Albamonte, Carmen Ferrándiz, Fuensanta Guijarro, Amparo Lloret, Inmaculada Montés y María Dolores Palop, formaron un grupo de estudios cohesionado a lo largo de muchos años, cuya característica era su entusiasmo por el psicoanálisis y su apertura a otros ámbitos, mant