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En primer lugar quiero agradecer a Eloísa por presentarnos una conferencia muy interesante por su contenido y la claridad de su lectura. Al hablar de la definición lingüística de los términos violencia y destructividad nos adentra en un tema sugerente para nuestra discusión.
Se puede considerar que el término violencia está más cerca de la emoción, mientras que destructividad remite a una tendencia a aniquilar que es más lejana de un contenido emocional en relación con el objeto, busca destruir como fin.
De la violencia podemos pensar la diferencia entre necesidad imperiosa de descarga impulsiva que Eloísa nombra como la fuerza apremiante de la pulsión, de la violencia que desencadena una frustración de la descarga pulsional aunque estos aspectos estén íntimamente relacionados.
Es diferente un exceso de frustración que produce violencia, a una pulsión muy intensa que choca con la realidad que impide su descarga. Son aspectos de la clínica que están señalados por los traumas en el desarrollo psíquico de un sujeto.
Históricamente ha habido cierta confusión con los términos instinto y pulsión, hay un acuerdo para entender que el instinto deviene en pulsión cuando se relaciona con un objeto, nombrar instinto en lugar de pulsión nos condiciona y nos ata a aspectos biológicos que no tenemos capacidad desde el psicoanálisis de comprender adecuadamente, es hablar en términos de genética que es interesante e imposible desconocer, pero no es nuestro enfoque.
Eloísa desarrolla el concepto de pulsión de muerte en relación con la patología y aporta consideraciones sobre la clínica de la pulsión, dando un lugar a la intrincación de las pulsiones que se organizan en procesos que secundarizan las descargas inmediatas de la pulsión. Creo interesante traer otra comprensión de la pulsión de muerte, pensando que puede enriquecer la discusión.
Todos conocemos el lugar activo que da Klein al psiquismo infantil, el acceso a la cultura se entiende desde esta perspectiva como la capacidad de