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Decía Baltasar Gracián que un buen libro ha de ser seis veces escrito y otras seis veces destruido, ni mi trabajo es un libro ni lo he podido rescribir seis veces, el tiempo que hemos dispuesto para presentar nuestras ponencias ha sido bastante limitado. De lo que si he sido claramente consciente releyéndolo para esta discusión, es que por falta de tiempo, o por la complejidad del asunto, no he sido suficientemente claro respecto a mi actual manera de pensar en estos problemas, especialmente en el capítulo de «el modelo entrópico», por lo que creo debo una disculpa.
Para comenzar quiero advertir que me encuentro entre aquellos psicoanalistas, que consideran que la fuente básica del psicoanálisis se funda en su práctica e investigación sobre el conocimiento de la vida y causalidad psíquicas a partir del inconsciente con la metodología propia y específica que debemos a Sigmund Freud, pero desde la consideración de esa especificidad quedo abierto a las ideas de otros dominios científicos y del pensamiento culto en general de nuestra época, entre los cuales podemos encontrar de vez en cuando ideas que nos pueden ayudar a enriquecer el trabajo de pensamiento de un psicoanalista. Tanto más dadas las importantes dificultades epistemológicas que presenta nuestra disciplina. Creo que de este modo de pensamiento no hago, como otros muchos colegas, sino seguir el ejemplo paradigmático de Freud, a quien D. Anzieu calificó como hombre de las dos culturas. Teniendo, cualquiera que sea el origen de nuestro pensamiento, que dar un salto epistemológico para alcanzar un pensamiento propiamente psicoanalítico.
Hemos de considerar el conjunto de la realidad como un todo único en el que se dan niveles de organización y complejidad crecientes. Grosso modo podemos considerar que existe un estrato de las cosas y los procesos físicos, un estrato de lo vivo, y por último un estrato de lo psíquico. Nicolai Hartmann en los años cuarenta del pasado siglo estableció una serie de leyes de la estrat