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En la película La vida secreta de las palabras aparece un archivo con miles de cintas de vídeo y DVD donde se guardan historias de horror, tortura, muerte, espanto y odio. Se graban porque la gente olvida rápidamente lo ocurrido, ¿quién se acuerda del exterminio de los armenios, de la guerra de los Balcanes?, Sólo los que han sobrevivido y estos a veces no pueden hablar de ello, porque el verdadero horror no puede ser puesto en imágenes ni en palabras. Esto le ocurre a Hanna, la protagonista de la película, no puede hablar del trauma vivido, pero tampoco de nada, su vida ha quedado congelada, aislada, vive indiferente a todo y a todos, su trabajo en la fabrica es rutinario, no se relaciona con nadie, no escucha ni habla con los demás, no tiene ningún contacto afectivo, sólo llama por Tf. a una persona con la que tampoco puede hablar, se queda en silencio.
Por una parte al carácter intolerable de la información recibida, capaz de movilizar una angustia no metabolizable que provoca el alejamiento, porque de la tortura nadie quiere saber, ni puede creer, el horror provoca un desconocimiento activo.
Está experiencia es común a aquellos que han estado en campos de concentración y luego han contado lo ocurrido. Primo Levi (1987, 1989), soñaba que narraba su experiencia del campo a sus seres queridos y estos se alejaban, ajenos e indiferentes, dejándole solo, anonado y en una desolación extrema.