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La conmemoración de los veinticinco años de la APM nos brinda una buena oportunidad para referirnos al gran influjo de la teoría psicoanalítica en el pensamiento contemporáneo. El psicoanálisis, tras sus inicios, había irrumpido de manera espectacular en cuanto innovadora teoría, más allá de sus propios supuestos terapéuticos. Más concretamente, su impacto había sido arrollador en el mundo de la filosofía, sobre todo a partir de los inicios de los años treinta del siglo pasado. Esto no era ajeno a las intenciones y propósitos del propio Freud. En «El análisis del profano», señalaba lo siguiente: «No consideramos como deseable que el psicoanálisis se vea engullido por la medicina y que por ello encuentre su definitiva residencia en los textos de la psiquiatría, en el capítulo de la terapia… Merece un mejor destino y espero que lo tenga. Como psicología profunda, teoría del inconsciente anímico, puede hacerse imprescindible para las ciencias que se ocupan de la historia de la producción de la cultura humana y de sus grandes instituciones como el arte, la religión y el orden social. Pienso que ya he proporcionado ayudas a estas ciencias… Pero son todavía pequeñas aportaciones en comparación a lo que pueden contribuir, si los historiadores de la cultura, los psicólogos de la religión, los investigadores del lenguaje, etc., llegan a entender lo que les ofrece este nuevo medio de investigación». Esta premonición de Freud tuvo su recepción filosófica más señalada en Alemania en la Teoría crítica de la sociedad. Ésta se consolida en torno al Instituto de Investigaciones Sociales de Frankfurt, lo que hace ser universalmente conocidos a sus investigadores como la Escuela de Frankfurt. La fecha fundacional es en año 1930. Sus fundadores más relevantes son los filósofos Adorno y Horkheimer, colaboran en la primera época, entre otros, Walter Benjamín, Herbert Marcuse. En esos primeros tiempos existía también en Frankfurt un Instituto de Psicoanálisis en el que su figura más dest