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¡Qué estropicio cuando intentamos describir un análisis! Qué pena destrozar el gran trabajo artístico que la Naturaleza ha creado en la esfera psíquica.
Sin duda es cuando debe encontrar la repetición actuada, en la transferencia que la interpretación encuentra su mayor envite, su mayor desafío, y por ende su mayor alcance. En ciertos momentos privilegiados, la intervención del analista realiza un paso crucial en el que parece significarse la esencia misma de su juego, la precisión de su tono. Este salto guarda relación con la anulación —y la interpretación— de una distancia económico-simbólica misteriosamente óptima.
El recordar que el psicoanálisis se define como análisis de la transferencia no deja de suscitar un sentimiento de incongruencia: ¡un fenómeno semejante se dice, se predice, con su funcionalidad, en el lenguaje de la técnica! Sin embargo el acontecimiento que la repetición actuada pone en escena continúa sorprendiendo a pesar de su familiaridad; y aún más, el que la transferencia sea interpretable hasta el punto de que se evoque a posteriori como teniendo vocación de serlo, como lo analizable mismo. Sin embargo el proceso por el cual el «après-coup», se transforma en «por adelantado» es a veces un estor-bo. Quizás sea su malestar el que les da el sabor y el sentido a estas vueltas a Freud —o a los primeros psicoanalistas— mediante las cuales, escudriñando sus textos, creemos compartir en directo sus vacilaciones.
En el curso de una vuelta semejante hallé uno de esos bellos malentendidos que son como los recuerdos-pantalla de la historia del psicoanálisis.