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El psicoanálisis comenzó como teoría del trauma. Si los histéricos sufren de reminiscencias (según el conocido dictum freudiano), es que entonces el recuerdo posee una cualidad patógena. Tras abandonar Freud la búsqueda de escenas sexuales infantiles traumatizantes y la teoría de la seducción, el psicoanálisis se extendió a la exploración de la realidad** psíquica. Con el concepto de transferencia Freud descubrió una nueva dimensión del recuerdo, es decir, su repetición en actos. Si bien el objetivo del tratamiento fue siempre para él hacer conscientes los recuerdos reprimidos, la teoría del tratamiento analítico ha seguido en lo sucesivo un desarrollo divergente, porque había una dinámica específica que era inherente al concepto de transferencia. Progresivamente, la correspondiente relación terapéutica fue desembocando en dicho concepto y, con el conocimiento de la contratransferencia, dio de nuevo un giro específico, alejándose del pasado y acercándose al «aquí y ahora» de la relación analítica. El recuerdo biográfico individual perdió así su importancia terapéutica central.
Y con todo se dio un ámbito en el que aquel se mantuvo como un problema ineludible que se debería resolver: el traumatismo del ser humano. De hecho, Freud se ocupó repetidas veces del trauma, a lo que le incitaron en particular la catástrofe de la primera guerra mundial y la emergente barbarie