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El concepto de «elaboración» (Durcharbeitung) nació a través de Freud, al reconocer éste, desde un principio, que únicamente el decir la verdad a sus pacientes no era suficiente para la cura. Incluso, en uno de sus primeros trabajos, Estudios sobre la Histeria, Freud se daba cuenta no sólo de que el paciente debe ser capaz de vivenciar su, hasta ahora, recuerdo reprimido con una intensidad emocional apropiada, sino también de que era un mito pensar que hubiera, simplemente, un recuerdo reprimido: «no debemos esperar encontrarnos con un recuerdo traumático único y con una idea patógena única como elemento primordial de dicho recuerdo; debemos estar preparados para sucesiones de traumas parciales y de concatenaciones de formaciones patógenas del pensamiento. E, incluso, alrededor del elemento primordial, «encontramos con frecuencia una cantidad profusa e increíble de otro material némico que tiene que ser elaborado en el análisis». En esos momentos, pensaba que el problema residía en tratar de alcanzar la enorme cantidad de material a través de lo que llamó «el desfiladero de la conciencia»: el hecho de que tengamos que contar nuestros pensamientos conscientes al mismo tiempo que los tenemos. Una vez que toda «la complicada y multi-dimensional organización» ha salido fuera, Freud dice: «deberíamos preguntarnos, con todo derecho, cómo tal camello ha podido entrar en el ojo de esta aguja» .
Yo creo que podríamos contar la historia del desarrollo de la técnica psicoanalítica, explicando el desarrollo del concepto de elaboración. Cuando Freud escribió su artículo ya clásico «Recuerdo, Repetición y Elaboración», la «elaboración» se convirtió en el nombre del proceso por el cual el paciente