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John Steiner, siguiendo a Joseph Sandler, comienza afirmando que el enactment es inevitable, a veces es informativo, pero sin embargo dañino para el paciente y para el proceso analítico. Nos dice que es difícil reconciliar la idea de que pueda darnos información útil sobre el paciente, sus relaciones con el reconocimiento de que en el enactment son violados los límites, y en mayor o menor grado, el paciente y el trabajo analítico pueden ser dañados. Define así este fenómeno: los enactments por definición cruzan los límites del pensamiento con la acción y a menos que sean reconocidos y regulados, pueden entrar en esa área gris entre la técnica normal, el error técnico y los límites éticos. Steiner piensa que deben ser tolerados como parte de la falibilidad analítica pero monitoreados como chequeo de nuestra autocomprensión y de nuestro contacto con la realidad. Argumenta que en tanto los enactments no pueden ser prevenidos, a menudo pueden ser reconocidos, y sus efectos destructivos pueden ser disminuidos. Es útil para analista conocer en qué área suelen ocurrir, lo que requiere de parte del analista autoobservación y autoconocimiento. Steiner concede gran importancia a la observación del encuadre, el que puede proveernos de un marco límite, y en mayor o menor medida cuando sufre una rotura cuando el enactment tiene lugar. Pero agrega que la estricta observación del encuadre es un importante objetivo, pero es un standard difícil de cumplir y «cada analista se encuentra haciendo cosas que comprometen el encuadre y perturban las condiciones del análisis».
Steiner sostiene que muchos enactments son verbales y muchas veces lo son por parte del analista y en forma de interpretación; y que siguiendo a B. Joseph los denomina «enactment interpretativos». Trae a continuación un ejemplo clínico donde reconoce haber cometido un enactment interpretativo, donde él había expresado su frustración, en lugar de reconocer la situación del paciente, tratando de expresar una visión más e