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Au plus élévé trône du monde, nous ne sommes assis que sur notre cul.
[En el trono más elevado del mundo, no estamos sentados más que sobre nuestro culo.]
Podemos estarle agradecidos al Comité de Redacción de la Revue Française de Psychanalyse por haber tomado conciencia de la importancia de retomar la noción de «analidad». Y ello para beneficiarnos de los progresos teóricos y clínicos que en la actualidad nos permiten proponer nuevos sentidos tendentes a precisar lo que Freud y sus discípulos intentaban descubrir interesándose por los «estadios» pregenitales.
Pero, al mismo tiempo, un esfuerzo tal de puesta al día nos lleva también a hacer «limpieza general» en medio de las racionalizaciones, de los desplazamientos, véase de las denegaciones que han marcado progresivamente el recorrido que lleva, a partir de ideas preconscientes poderosas presentes en el discurso manifiesto todavía un poco titubeante de los primeros psicoanalistas, hasta las ideas que se nos imponen ahora.
Las situaciones imaginarias primitivas contemporáneas del periodo llamado «anal», han sido abordadas durante largo tiempo por los psicoanalistas, lógicamente, en un marco representativo ligado a las heces y a la defecación. La pulsión en juego ha sido descrita como de naturaleza directamente agresiva, y el objeto se ha visto ante todo fecalizado, troceado, destruido, expulsado. Ciertamente el tomar en consideración fantasías de este tipo no deja de tener interés y merecerían beneficiarse de las precisiones adquiridas poco a poco para tomar más específicamente en cuenta las dos etapas anales, ya consideradas por Freud y por K. Abraham. Parece además necesario revisitar