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No sería razonable, empero, exigir o esperar respuestas exhaustivas de tales enigmas.
Desde hace ya algunos años se ha convertido es un tópico repetitivo el que los psicoanalistas manifiesten en sus conversaciones, en sus comunicaciones y en sus encuentros profesionales, la dificultad cada vez mayor de ver neurosis clásicas en sus consultas. La frecuencia de las estructuras mentales proteiformes —similares a las que Freud llamaba «neurosis mixtas»— y de organizaciones mal mentalizadas, ocupan en general la mayor parte de nuestra práctica, lo que obliga a plantearse nuevas orientaciones de la clínica y de la metapsicología.
Considerar la presencia, las fallas o las fluctuaciones de la instalación del Superyo en el paciente que tenemos enfrente puede ser un punto de referencia que aporte alguna luz a nuestras perplejidades.
Evidentemente este indicio podría también observarse en la superación o no del Edipo, pero aunque ambos conceptos estén íntimamente relacionados sería simplificar considerarlos como equivalentes. Por otra parte, en mi opinión, el Superyo o «conciencia moral» es quizás más fácil de evidenciar en las primeras entrevistas.
El advenimiento del Superyo post edípico como elemento atemperante es indispensable para acompañar al sujeto y a las generaciones en su camino hacia la civilización. Su presencia moderará la locura del Ello y será el mejor aliado del