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[…] tan sólo tengo bien seguro algunas cuestiones, por ejemplo, que no soy, por ser mujer, más enigma que el hombre, pues el interrogante común a ambos no se despeja en el marco de las diferencias.
Freud no escapa tampoco al ridículo. Es a propósito de la sexualidad femenina cuando escribe la única frase grotesca en toda su obra. Atribuyendo a la mujer, como única invención, el tejer, derivado de enmarañar el vello púbico con la finalidad de ocultar su «inferioridad sexual original».
Este artículo continúa las reflexiones sobre la feminidad dentro del psicoanálisis, contenidas en artículos anteriores donde no aparecen, en general, ejemplos clínicos sobre los cuales aplicar el planteo teórico. Intenta, en ese sentido, cumplir con la exigencia de integrar la teoría con la práctica. Tiene también el cometido de ejercer la memoria, revitalizando una línea de pensamiento casi siempre sumergida que, sin embargo, se abre paso de generación en generación de analistas, a través de unas voces que, como en Fahrenheit 451 1 disfrutan recreando una corriente de reflexión rica y sugerente que el psicoanálisis no debiera sacrificar en aras de una sospechosa certidumbre, demasiado parecida al dogma.