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Asunto de nuestro estudio fueron primero sólo las pulsiones sexuales, cuya energía denominamos «libido». En torno a ellas intentamos aclarar nuestras representaciones sobre lo que era una pulsión y lo que podíamos atribuirle. Este es el lugar de la teoría de la libido.
El propósito de este trabajo no es aportar hipótesis nuevas sobre la teoría de los estadios libidinales y el desarrollo del aparato psíquico según lo concibe el modelo freudiano, que es aquí nuestro marco de referencia; sólo es un intento de ordenar algunos de los conocimientos, como límites del yo, yo ideal y superyo, adquiridos en el estudio de la obra de Freud y de las aportaciones de sus discípulos y de los psicoanalistas que les siguieron, comprometidos con el desarrollo teórico de sus hallazgos.
Como justificación del presente ensayo, cabría señalar que este ordenamiento sería necesario porque en los textos de Freud, así como en los de sus contemporáneos, el método de exposición coincide con el de investigación, como no podría ser de otra manera en las publicaciones de una ciencia nueva, que se va desarrollando con una serie de vías de investigación abiertas ante los clínicos: teoría de la resistencia, de los síntomas, de lo inconsciente, modelos del aparato psíquico, modelo de la energía con que el aparato funciona o teoría de las pulsiones, teoría del yo, de las defensas, etc. y del desarrollo de todos y cada uno de estos constructos. Bajo estas condiciones, la teoría de la libido ha permanecido como una construcción y materia de estudio limitada a sí misma, aún después de 1924, en que Abraham incluyera actividades del yo y del superyo en su cuadro evolutivo. Pienso que esa manera de estudiar este aspecto de la teoría ha vuelto algo difusas las explicaciones y exposiciones de las concomitancias regresivas de la libido en cuanto al yo y al superyo.