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Lo que diré a continuación podrá parecer bastante personal. Ello se debe al hecho de que es una tarea prácticamente imposible englobar en poco espacio un tema tan amplio y que al mismo tiempo se encuentra constantemente en el centro de la investigación psicoanalítica. Tendré que llevar a cabo una síntesis que posiblemente contenga el argumento en algunos puntos clave, y reduciré las citas a lo indispensable. La realización de la síntesis incluirá, evidentemente, mi larga experiencia psicoanalítica sobre este tema y, a veces, mi posición personal respecto al mismo. Si bien en este caso procuraré distinguir claramente lo que se refiere únicamente a mi aportación. Basándome en los actuales conocimientos psicoanalíticos, mi intención es llevar a cabo una descripción de las fases iniciales del desarrollo diferenciado de la mente y del cuerpo, a partir de la vida intrauterina.
El psicoanálisis considera la actividad mental como la función más altamente diferenciada del cuerpo, tan diferenciada que requiere de un método de investigación propio, apto por tanto para estudiar sus fenómenos tal y como son, independientemente de los presupuestos biológicos que lo componen. No obstante, el psicoanálisis considera el cuerpo y la mente desde la perspectiva de una continuidad funcional, cuyo elemento clave es un proceso de diferenciación de la función mental a partir del cuerpo, pero que el psicoanálisis estudia en la dirección inversa. En palabras de Freud (1910): «Los psicoanalistas nunca ocultan que lo anímico descansa en lo orgánico, aunque su trabajo sólo puede perseguirlo hasta esa base y no más allá». Esto permite al psicoanálisis observar, desde su propio ámbito y desde su propio punto de vista, las