You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
Es mucho más importante saber qué clase de paciente tiene una enfermedad que saber qué clase de enfermedad tiene un paciente.
La dificultad de ser un ser humano nos obliga a crear una infinidad de estructuras psíquicas para contener o de alguna manera manejar el inevitable dolor físico y mental con el que nos encontraremos. Hemos de empezar a crearlas poco después del nacimiento y sólo somos capaces de hacerlo debido a una herencia filogenética singular: la capacidad para el funcionamiento simbólico. La mayor parte de nuestro dolor psíquico está causado por el recorrido que supone adquirir el estatus de individuo y una identidad personal, seguido por la adquisición de nuestra identidad sexual.
Freud fue el primero en destacar la naturaleza esencialmente traumática de la sexualidad humana, mientras Klein y sus discípulos han iluminado los traumas más tempranos inherentes al proceso de separar la propia imagen de la del Otro primordial para llegar a ser una persona. Tempranamente debemos encontrar respuestas para las conflictivas exigencias de la vida instintiva y las de la realidad que estos procesos arrastran, y durante el resto de nuestras vidas gran parte de nuestra energía psíquica estará destinada a mantener las soluciones que hemos hallado. Algunas de estas soluciones convierten la vida en una aventura creativa mientras que otras se mantienen a expensas del bienestar psíquico y tal vez somático.
Antropólogos como Lévi-Strauss postulan que ciertas leyes sexuales son inherentes a cualquier estructura social en la que constituyen los requerimientos