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Aunque el propio Freud en una carta a Weizsäcker1 afirmaba que prefería que los psicoanalistas por razones pedagógicas no se ocuparan del cuerpo y se concentraran exclusivamente en el psiquismo, lo cierto es que la teoría psicoanalítica está enraizada en la relación psique-soma y que en este momento resulta indispensable su inclusión como parte inseparable del objeto de interés del psicoanálisis, como lo demuestra el desarrollo que en los últimos años se ha producido en el ámbito de la denominada medicina psicosomática.
Desde hace bastantes años, he intentado rastrear desde todos los ángulos posibles la figura, la obra, el pensamiento y la influencia de Sándor Ferenczi en la teoría, la técnica psicoanalíticas y en la propia historia del psicoanálisis. Sin embargo, siempre tuve una cierta curiosidad por investigar y reflexionar sobre su enfermedad y su muerte.
Como es bien sabido su enfermedad consistió en una anemia perniciosa de Addison-Biermer, la modalidad más habitual de las anemias megaloblásticas debidas a una insuficiencia de vitamina B12, caracterizada tanto por el deterioro de las condiciones hematológicas y lo síntomas consiguientes, como por las alteraciones anatomo-fisiológicas del aparato digestivo y, especialmente, la aparición de una rica fenomenología neurológica y psíquica. Aunque abandonada a su suerte, se trata de una enfermedad mortal de necesidad, actualmente con la administración de una terapia adecuada consistente básicamente en la administración de vitamina B12, la esperanza de vida de los pacientes que padecen esta enfermedad es igual a la de los sujetos normales de la misma edad cronológica.
Pero además, actualmente, la anemia perniciosa está incluida dentro de la clasificación general de las principales enfermedades autoinmunes, que son