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Hace ya tiempo, en el año 2001, sostuve en este mismo lugar que «la práctica psicoanalítica es siempre teórico-clínica y las propuestas técnicas son solidarias con la comprensión metapsicológica» .
El trabajo analítico con adolescentes tiene por objetivo permitir al sujeto abandonar el yo idealizado y narcisista en beneficio de los ideales futuros que el adolescente deberá investir. Ese fenómeno de desidealización es la condición determinante en la estructuración psíquica y en su re-estructuración en la adolescencia.
El trabajo psíquico del adolescente implica la desidealización del tiempo infantil y la experiencia de una crisis de identidad producto de la reconstrucción de identificaciones con los otros idealizados de la infancia y una re-estructuración de los ideales del yo.
Se trata de una mudanza, las viejas identificaciones caen, aunque aquellas identificaciones que estructuraron al yo permanecen como anclaje estructural, condición fundamental, para afrontar los procesos de cambio y la re-estructuración de nuevas identificaciones.
El análisis permite que el yo se libere de ciertas trabas que le dificultan las investiduras de sus metas; investiduras necesarias para que el adolescente pueda administrar sus posibilidades libidinales, cuyo placer necesita recuperar para ser, para tener y para ejercer esa función de anticipación de sí mismo.
Sin esa anticipación «se derrumba su proyecto identificatorio y su relación con la temporalidad» (P. Aulagnier, 1979).
Es decir, también el análisis tiene por objetivo apropiarse de la propia subjetividad.