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Este bellísimo libro de biología abre horizontes de pensamientos nuevos y estimulantes, no sólo para los que trabajan en esa disciplina, sino para todos los que se interesan por el campo de las Ciencias Humanas.
En un reciente coloquio entre Jean Claude Ameisen, André Green, Claude Smadja y otros psicosomatólogos del Instituto de Psicosomática Pierre Marty de París,2 se confrontaron puntos de vista que por una vez no consistieron en monólogos paralelos. A pesar de partir de distintos puntos de vista: biología, psicosomática y psicoanálisis, la magia y el interés de la obra de Ameisen estimularon un diálogo profundo y creativo entre las tres disciplinas.
Jean Claude Ameisen nos habla de la oposición entre la vida y la muerte, algo que todo ser humano considera simultáneamente como un fenómeno misterioso, pero también evidente. Una vida empieza, se desarrolla y termina por la muerte, ya sea natural, por envejecimiento, como resultado de enfermedades o de agresiones externas.
Hasta hace poco la biología también compartía este punto de vista y han hecho falta más de dos siglos para que, poco a poco, se hayan ido cuestionando estas evidencias. Las relaciones que la vida mantiene con la muerte no son ni tan radicales, ni su antagonismo es tan absoluto. Se sabe hoy que la realidad es mucho más compleja: la visión de la muerte aparece radicalmente nueva «como un misterio en el corazón de la vida» (J.C. Ameisen).
Recientemente, después de años de tentativas y dudas, la apoptosis, o suicidio de la célula —del griego «apoptosis»: «marchitamiento de las flores o de las hojas»—, nos revela un mundo vertiginoso, desconocido hasta ahora, cargado de potencialidades. En particular, hace vacilar la noción de un «programa» genético que regiría las distintas especies y deja lugar al elemento aleatorio que configura la imprevisible variedad de las formas de vida y las mutaciones que se desarrollaron y se desarrollarán en nuestro planeta. La investigación en biología (como en otras muchas ci