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La publicación de este libro el pasado año 2006, a mi entender, ha sido una fortuna para el campo psicoanalítico, gracias a la existencia de un profesional y una persona como el Dr. Joan Coderch, indagador inquieto y trabajador incansable, que por su cultura y saber, tanto dentro del propio ámbito del psicoanálisis —cada vez más difícil de abarcar con precisión por su amplitud y diversidad de corrientes—, como de otras ciencias, que inicialmente pueden ser vividas como amenazantes al complejizar cada vez más el pensar y quehacer del propio psicoanálisis, contribuye desde su pluralismo crítico, que no relativista, a una ciencia psicoanalítica, al tiempo abierta y rigurosa.
El Dr. Coderch realiza una labor de integración, de «diálogo», como designa el título de su obra, abriendo caminos de clarificación, enriquecimiento e incluso, modificando «evolutivamente» conceptos básicos psicoanalíticos, que los hacen más precisos y científicamente válidos.
Desde una actitud de conexión con la realidad clínica psicoanalítica actual, en la que observa van desapareciendo las clásicas neurosis descritas por Freud y van siendo sustituidas por lo que genéricamente llamamos trastornos de personalidad, las más frecuentes, las personalidades «borderline» y narcisistas, dedica un capítulo a estas últimas, potenciadas —añade— por las características de las sociedades que llamamos avanzadas, que tienen, a su vez, un carácter marcadamente narcisista. Revisa e interrelaciona modelos, teorías y escuelas, con su diversidad dentro del campo psicoanalítico, como con otras ciencias y materias intensamente conectadas con el quehacer y la teoría del psicoanálisis.
Así pues, desde su concepción de la mente humana, la patología y el proceso psicoanalítico (pp. 170 y ss.):
«[…] la mente como esencialmente interactiva, diádica y buscadora del contacto con otras mente; una mente que no es el resultado del despliegue más o menos accidentado, de las pulsiones innatas y preprogramadas, libidinales y destructiv