You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
—¿Qué gigantes? —dijo Sancho Panza.
—Aquellos que allí ves —respondió su amo— de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas.
—Mire vuestra merced —respondió Sancho— que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento y lo que en ellos se parecen brazos son las aspas que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino.
—Bien parece —respondió Don Quijote— que no estás cursado en esto de las aventuras; ellos son gigantes…
Simoneta, la mujer más amada de Florencia, acaba de morir y sus grandes admiradores, Botticelli y Leonardo, están desolados. Para intentar distraer sus respectivas penas, entablan una conversación.
Leonardo da Vinci le dice: el ojo, aunque sea el órgano de la vista, es el principal obstáculo para la visión.
Sandro está demasiado triste para debatir, pero Leonardo insiste: toda visión tiene un campo limitado, hay cosas invisibles que sin embargo existen.
Sandro responde: ¡dices cualquier cosa!
Leonardo desea que su amigo le comprenda: fíjate, el lenguaje, ese con el que me estoy expresando, es al mismo tiempo la causa de que no me comprendas. El pensamiento está siempre más allá, escondido en relación con las palabras que empleamos para traducirlo, por eso el lenguaje es un impedimento para expresarse, es un impedimento y al mismo tiempo un medio!
Ya sé a donde quieres llegar, dice Botticelli: la muerte nos impide vivir pero al mismo tiempo sin ella no viviríamos.