You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
La interesante ponencia de Manuela Utrilla nos permite abrir puntos de discusión a partir de las ideas que ha expuesto en su trabajo, cuyo eje de reflexión es la especificidad de la transferencia y de la interpretación en psicoanálisis. Comienza interrogándose acerca de las dificultades que encontramos los psicoanalistas para intercambiar y compartir nuestras ideas, señalando, además, la diversidad de concepciones y teorizaciones sobre conceptos tan básicos como pulsiones e inconsciente, hasta el punto de «vernos inmersos en una trama indescifrable» o que nos llevaría a «debates interminables».
Creo que lo que se pone en juego y, por un lado, hace posible la comunicación entre nosotros, es por tanto motor, y a la vez la dificulta, en este sentido es obstáculo, es el propio funcionamiento de nuestro psiquismo.
Al enfrentarnos a un texto para discutir, se hacen presentes las pulsiones de vida y de muerte, que se manifiestan a través de un funcionamiento que permite, desde el reconocimiento y el respeto por el otro, descubrir su pensamiento, poder abrirnos a sus ideas, predominando en este caso la pulsión de vida (funcionamiento ligado, función objetalizante de Green), frente a otro modo que nos empuja a dominar, someter, rivalizar o destruir al otro para nuestra satisfacción narcisista, predominando en este caso la pulsión de muerte (el funcionamiento desligado o la función desobjetalizante de Green). Lo que trato de transmitir es que nuestro psiquismo, con ese doble modo de funcionamiento, está siempre presente y comprometido, cualquiera que sea la actividad que realicemos, y que el predominio de una u otra modalidad será lo que nos permita comprender y establecer un buen vínculo con el otro y su pensamiento (motor), u obstaculizará nuestra comprensión y comunicación con él (obstáculo).
Si podemos hacer el duelo por nuestra omnipotencia infantil, de tenerlo todo y saberlo todo, haremos ese «trabajo de melancolía», que tan bien describe