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Agradezco a Manuela Utrilla que haya recogido la idea de que la transferencia esta indisolublemente ligada a la contratransferencia. Porque efectivamente es en la contratransferencia donde surge el conocimiento del enigma pulsional que porta la transferencia.
Ahora bien, el hecho de que el analista al desconstruir su contratransferencia —siempre inconsciente— pueda inferir qué de su contratransferencia corresponde a la transferencia, del analizando, no significa que la contratransferencia induzca o cree la transferencia como sostienes en la página 14 de tu ponencia pre-publicada al alinearte con las posturas de Neyrant. Y ésta es precisamente la cuestión que quiero dialogar contigo.
Siguiendo a Freud, creo que la mayoría de los analistas pensamos que la activación de la pulsionalidad inconsciente del analista, su contratransferencia, surge como resultado del encuentro con la transferencia.
En mi opinión es el encuadre, delimitando roles asimétricos de la pareja analítica, lo que justifica que llamemos por definición transferencia a lo que proviene del analizando y contratransferencia a la respuesta del inconsciente del analista.
Porque antes de que el analista se interrogue sobre este tropiezo en la escucha, que denominamos contra-transferencia, ha sucedido algo, aunque no haya sido visible. Tú lo señalas muy claramente cuando, siguiendo a Braunschweig y Fain, sostienes que el analizando habla a un psicoanalista para realizar un deseo y por ello su relato contiene una alta dosis de intencionalidad inconsciente. ¿Qué intencionalidad? Desde mi punto de vista, suscitar cierto posicionamiento inconsciente del analista.
Y aunque el rodeo por la contratransferencia sea imprescindible para la progresión de la cura, considerar la transferencia como una consecuencia de la contratransferencia supone, en mi opinión, una reformulación radical de la experiencia psicoanalítica y un cuestionamiento severo a los supuestos metapsicológicos que la fundamentan. Porque supone, implícitament