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Quiero agradecer muy sinceramente a la organización del Simposium haberme dado la posibilidad de participar en él y poder aportar algunas reflexiones sobre este tema esencial para la teoría y la técnica psicoanalíticas. Pero además deseo agradecer el haber sido invitado, en concreto, a discutir el excelente trabajo de Ricardo que, como siempre, no sólo hace un planteamiento brillante y exhaustivo sino que permite con su estilo accesible y fiel a la escucha analítica, abrir un horizonte de perspectivas y de ideas extraordinariamente estimulantes. Quiero decirte Ricardo que ha sido un placer «permanecer un tiempo en ese lugar» que ha sido tu trabajo y leer, pensar y escribir siguiendo tus reflexiones.
Dada la brevedad de mi intervención, optaré deliberadamente por no hacer una disquisición sobre el material clínico de tu paciente, tan rico e interesante, para intentar transmitir, a través de la escucha de tu escucha y de la mía propia, algunas reflexiones.
En el psicoanálisis contemporáneo la interpretación de la transferencia, «sujeta, como tu afirmas, al riesgo de confusiones y excesos», sigue constituyendo el lugar prioritario entre los instrumentos técnicos del analista, tanto como agente de acceso a un nuevo conocimiento como de agente favorecedor del cambio psíquico del paciente. Además, es el elemento articulador por excelencia del proceso psicoanalítico y se genera como consecuencia del diálogo entre los dos protagonistas de la cura. Aunque, en las últimas décadas, se viene produciendo una cierta tendencia a desvalorizar el rol esencial que tiene la interpretación transferencial, que en mi opinión sigue marcando la línea de demarcación entre una cura psicoanalítica propiamente dicha y cualquier otra psicoterapia, creo que frecuentemente son nuestras propias ansiedades, nuestras frustraciones y, por qué no decirlo nuestros propios sentimientos de culpa