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Quiero agradecerte tu amplia ponencia tanto más meritoria cuanto has estado tan presionado por la falta de tiempo. Querría hacer alguna precisión en torno a la importancia de la transferencia: por una parte, un analista que no atiende a la transferencia ni la interpreta puede estar haciendo algún tipo de psicoterapia pero desde luego no psicoanálisis, sin embargo es muy importante que no caigamos en los excesos de la continua interpretación de la transferencia «aquí y ahora» con los resultados clínicos de todos conocidos, resultado de una cierta «idolización» de la interpretación transferencial, tal como ha sido descrito por H. Faimberg. Habría que distinguir también respecto a esa concepción del término transferencia en la que se entiende el paso de ciertas representaciones de un lugar a otro de la estructura psíquica, desde el inconsciente a la conciencia, como acaba de recordarnos J. Szpilka que desarrolló Loewald como un aspecto muy importante de la dinámica terapéutica del psicoanálisis.
Respecto a tu afirmación «Para nada puede decirse que (la transferencia) sea creación del encuadre analítico o que éste la propicie más que otra situación…». El artículo clásico de Ida Macalpine nos ofrece una larga lista de factores que propician la importante fuerza de la transferencia en el proceso psicoanalítico, y creo que la experiencia clínica nos habla con extrema contundencia de la intensidad que llega a adquirir le transferencia; ¿de qué otro modo podríamos explicar que el sujeto mantenga una relación tan exigente y frustrante durante tan largos períodos de tiempo? Además opino, como tantos otros, que la transferencia que ocurre en el proceso analítico posee una especificidad que la hace única, y por ello tan fructífera.
En lo que sí estoy totalmente de acuerdo contigo, entre otras muchas cosas, es en que el encuadre y el método analítico es «un artefacto admirable» y que hay que construirlo. Tal vez el problema de esos pacientes que consideramos tan a la ligera como fr