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La presente comunicación parte fundamentalmente de la reflexión del mismo Freud en el Esquema de Psicoanálisis (1940 [1938]) en donde, refiriéndose a los enfermos psicóticos, dice:
[…] uno se entera, por la comunicación de los enfermos tras su restablecimiento, de que en un rincón de su alma, según su propia expresión, se escondía en aquel tiempo una persona normal…
Siguiendo fielmente esa reflexión freudiana, García Badaracco (1985) insiste en que:
[…] será necesario tener la convicción de que, a pesar de la condición psicótica, existe un sujeto virtual con capacidad potential…
y M. Klein (1946) por su parte asegura:
[…] incluso en personas tan enfermas como éstas, existe una tendencia a la integración y también cierta relación, por rudimentaria que sea, con el objeto bueno y el Self bueno.
Ahora bien, sabemos que la organización psicótica es esencialmente anticonflictual o, como señala Racamier (1980), «minuciosamente antiambivalencial» y por consiguiente antidepresiva, ya que la integración de la ambivalencia es adquisición de la posición depresiva kleiniana.
Esto dará lugar a que todos los intentos de conocimiento de la parte no psicótica de la personalidad sean repelidos con fuerza (para evitar integraciones