You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
Aquellos pacientes que se han resuelto a ponerse en manos del médico y concederle su confianza, en ellos difícilmente se pueda evitar que la relación personal con el médico se adelante hasta el primer plano de manera abusiva, al menos durante algún tiempo; parece que esta injerencia del médico fuera la condición bajo la cual, únicamente, se pueda solucionar el problema […] En no pocos casos […] donde se trata de aclarar unas ilaciones de pensamiento eróticas, la colaboración de los pacientes pasa a ser un sacrificio personal que tiene que ser recompensado mediante algún subrogado del amor. Las fatigas y la amistosa tolerancia del médico tienen que bastar como tal subrogado… Este obstáculo sobreviene cuando la enferma se espanta por transferir a la persona del médico las representaciones penosas que afloran desde el contenido del análisis. La transferencia sobre el médico acontece por falso enlace… [S. Freud, en Estudios sobre la Histeria, «Sobre la Psicoterapia de la Histeria» (1893-1895)].
El reconocimiento de la existencia de la transferencia data de los mismos inicios del psicoanálisis, muy pronto Freud reconoce su aparición en el trabajo de Breuer con Ana O. Inicialmente la considera un fenómeno obstaculizador del trabajo terapéutico para más tarde pasar a reconocerlo como un aspecto esencial del proceso de curación. «Parece una gigantesca desventaja metodológica del psicoanálisis que en él la transferencia, de ordinario la más poderosa palanca del éxito, se mude en el medio más potente de resistencia», plantea Freud en 1912 en Sobre dinámica de la transferencia. La resistencia acompaña todos los pasos del tratamiento. Continúa diciendo: «el enfermo atribuye condición presente y realidad objetiva a los resultados del despertar de sus mociones inconscientes; quiere actuar (agieren) sus pasiones sin atender