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El vértice que yo he tomado para observar el proceso psicoanalítico es el del desvalimiento humano (la Hilflosigkeit freudiana), concebido como fuente de nuestras más precoces vivencias de peligro y que sostiene de por vida nuestra necesidad de ser amados, de la que, dice Freud, el hombre no se librará jamás. Asumir nuestro perpetuo estado de desamparo supone la elaboración del Duelo por antonomasia, el que nos cuestiona y ocupa a lo largo de toda nuestra existencia.
[…] hay tres (factores en la causación de las neurosis) que cobran relieve para nuestro entendimiento: uno biológico, uno filogenético y uno puramente psicológico. El biológico es el prolongado desvalimiento y dependencia de la criatura humana. La existencia intrauterina del hombre se presenta abreviada con relación a la de la mayoría de los animales; es dado a luz más inacabado que éstos. Ello refuerza el influjo del mundo exterior real, promueve prematuramente la diferenciación del yo respecto del ello, eleva la significatividad de los peligros del mundo exterior e incrementa enormemente el valor del único objeto que puede proteger de estos peligros y sustituir la vida intrauterina perdida. Así, este factor biológico produce las primeras situaciones de peligro y crea la necesidad de ser amado, de que el hombre no se librará jamás.
El segundo factor, el filogenético […] Hallamos que la vida sexual del ser humano no experimenta un desarrollo desde su comienzo hasta su maduración, como en la mayoría de los animales que le son próximos, sino que tras un primer florecimiento temprano, que llega hasta el quinto año, sufre una interrupción enérgica, luego de la cual recomienza con la pubertad anudándose a los esbozos infantiles […]. La significatividad patógena de este factor se debe a que la mayoría de las exigencias pulsionales de esa sexualidad infantil son tratadas como peligros por el yo […]. Es notable que el temprano contacto con las exigencias de la sexualidad ejerza sobre el yo un efecto parecido alpr