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La confesión cumple en el análisis el papel de introducción. En la confesión, el pecador dice lo que sabe; en el análisis debe decir más.
Sin una profunda desesperación el hombre no saldría de sí, porque es la fuerza de la desesperación la que le hace arrancarse hablando de sí mismo, cosa tan contraria al hablar.
El paciente consulta al psicoanalista por vivir atrapado en un drama personal que se obstina, sin saberlo, en repetir. Así como Edipo se rebela contra el destino marcado por el oráculo, el sujeto va al encuentro del psicoanalista a desanudar un sufrimiento que ya no puede soportar. No hay análisis posible sin anhelo de terminar con la fatalidad.
¿No es comprobable que el sujeto se siente fuera de sí mismo en una primera consulta? ¿Que suela sorprenderse pensando que estando en otro lugar - otro tiempo, acabaría con su actual desasosiego?
Ese otro lugar-tiempo mítico, pleno, es generalmente situado como anterior a una caída. La pérdida de la juventud, la muerte de otro significativo, una enfermedad, la ruptura de una relación, la inmigración, aparecerán como causa de la expulsión de un estado de gracia. De allí el peso del desencadenante, no necesariamente actual, no necesariamente consciente, que lleva al paciente a consultar y que será indagado en las primeras entrevistas.
Simbolizar lo definitivamente perdido y el retorno imposible a un tiempoespacio mítico por su condición de hablante otorga a la palabra analítica su carácter primordial. Pues la palabra es una ganancia asentada sobre un real que