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Cuando hablamos de masoquismo, nos referimos a la tendencia a buscar el sufrimiento físico o psíquico a fin de lograr, consciente o inconscientemente, la gratificación sexual en su sentido más amplio. Aparte de su importancia clínica, estos fenómenos resultan tan desafiantes en la medida, que parecen contradecir una característica básica de la mente humana; la tendencia a evitar el dolor y el displacer (esto es, el principio del placer). De hecho, para ciertos masoquistas, «el sufrimiento físico o mental proveniente del objeto sexual es una condición» para obtener la gratificación sexual» (Freud, 32). Debido a esta paradoja, uno esperaría que el estudio del masoquismo llevara a esclarecer ciertas consideraciones acerca de los problemas que surgen en la mente humana, cuando ésta encara ciertas realidades dolorosas del mundo externo o interno.
En «El principio económico del masoquismo, Freud (36) se percató de que el masoquismo adquiere tres modalidades; como una condición bajo la cual la excitación sexual surge, como una expresión de la naturaleza femenina, y como una norma de comportamiento».
Las consideraciones teóricas sobre el masoquismo pueden abordar muchos tipos de problemas. El primero y relativamente más conocido es el de la perversión masoquista. Ésta ha sido ampliamente estudiada clínicamente. La perversión masoquista ya fue objeto de estudio y atención en la literatura psiquiátrica pre-freudiana y la investigación psicoanalítica ha contribuido sustancialmente