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Una rama de espino ha penetrado en mi corazón y sin embargo no he despertado de este sueño.
En este artículo se analiza el proceso de elaboración de un sueño que se convirtió en recurrente. Se muestra también el fracaso profesional de un adulto, M, un hombre de 27 años, cultivado e inteligente, que solicitó ayuda ante sus dificultades para finalizar sus estudios. El paciente desempeñaba siempre papeles menores y su vida laboral discurría por trabajos de poca responsabilidad. Al acercarse a una situación que presagiaba el éxito, el paciente cometía un error que permitía el fracaso. La expresión permitir el fracaso no es equívoca, habla de la repetición del deseo y de la necesidad de castigo asociada a las culpas inconscientes.
Respecto a la organización psíquica del paciente, una neurosis, se observó a lo largo del proceso analítico que algunas rupturas momentáneas de su capacidad de simbolización hacían pensar en fallos y en vacíos de la función de representación.
En la historia clínica de M aparecía la figura de un padre ausente por motivos laborales. Por otros conflictos, también estaba emocionalmente lejos del hijo y de su función paterna y a M, hasta una adolescencia tardía, se le consintió alternativamente compartir el lecho con ambos progenitores. Para M las apariciones de su padre a la vuelta de sus viajes eran tranquilizadoras y perturbadoras al mismo tiempo debido a la gran ambivalencia interna que le despertaban. Por un lado establecía control en esa cama, pero también el padre desordenaba todas sus fantasías omnipotentes infantiles enfrentándole a la dolorosa humillación de estar excluido de la escena primaria. Lamentablemente el progenitor ponía orden en una cama y desordenaba otra, pues el